La humanidad suele arrodillarse ante el fuego desde que la cigota primitiva la nombró 'Hija de los dioses'
Entonces, el hombre, prójimo de los astros que no ve, fruto del océano que pronto ahogará un desierto, entonces, digo, el hombre quema su propio aliento, lento como un tren del norte. Se mira hacia adentro y no ve...
le late el pasado en las vértebras, le duele el amor que acaso fué
y no lo supo; sonríe para sí,
y luego retorna al camino hacia quiensabe,
sereno y calmo
como una eternidad-

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